La importancia de hacer en el mundo desde el Amor y la inocencia.

¿Hacer desde el Amor y la inocencia? ¡Tal es la cuestión!

El Amor, entendido como la fuerza voluntariosa que unifica, resulta del deseo de extensión absoluta del Ser en tanto se constituye como Fuente Primigenia —lo que equivale a decir que ocurre en cuanto el Padre/Madre/Todo lo que Es se manifiesta a sí mismo, y como tal decreta la condición del Hijo Unigénito a su imagen y semejanza, estableciendo con esa, su expresión amorosamente intensionada, la condición única de realidad, que a saber establece: “Sólo el Amor es Real”.

El pensamiento de separación, en cambio, si bien cumple con el propósito de indagar las proyecciones que de él derivan, deviene en trampa para las conciencias de sí que constituyen al Hijo Unigénito, quienes en uso de su libre albedrío —constituido a imagen y semejanza del Padre—, deciden explorarlas.

Mucho se reconoce en el juego, si bien el riesgo que las conciencias de sí corren al validar como “reales” las proyecciones del pensamiento de separación sea alto, habida cuenta que derivan en olvido, miedo, culpa y apego. Mas, ante el olvido: introspección. Ante el miedo: unificación. Ante la culpa: inocencia. Ante el apego: Luz.

En consecuencia, conviene saber que el punto de arranque que mejor propicia la unificación de cuanto como separado aparece, se encuentra en la introspección de las conciencias de sí enmarañadas en el juego de separación aparente —vía segura para propiciar el recuerdo sentimentado/corazonado que toda impresión de olvido, miedo, culpa y apego disuelve, siempre que se parta del principio constitutivo de Realidad que dictamina: “Sólo el Amor es Real”.

Si el Amor resuelve, es porque nos devuelve al estado natural de inocencia, decretado por el Padre cuando decidimos darle visos de realidad al juego mental de separación aparente, cuyo propósito original consistió en experimentar cuanto ocurriría en caso de que la fuerza voluntariosa de unificación no hubiese sido instituida —hipótesis imposible de suyo.

Por ello, actuar con inocencia desde el mundo es fundamental, no sólo en función de que la inocencia reimplanta en nuestra conciencia de ser la realidad absoluta del Amor, sino porque, de igual manera, el cuerpo sana; la percepción se reintegra y el flujo de conciencia unificada entre personalidad, alma y Ser Superior se alinea, amén de que liberamos cuanto miedo, culpa o apego surgieron en nosotros a partir de nuestra decisión conjunta de validar como “real” toda proyección del pensamiento de separación.

Entendamos, finalmente, que reconocer y validar la realidad única del Amor deviene en necesidad imperiosa cuando el llamado “ser ahí” o “ser en el mundo” se ha cansado de sostener la trampa fabricada por el miedo, la culpa y el apego al pensamiento de separación.

Tiempo es, pues, de dar conclusión conjunta al juego proyectado por la mente fragmentada, para reconocernos inocentes, luminosos, plenos, amorosos y unificados.

Permitamos que la inocencia sea la que guíe el regreso voluntario al Ser.

Genrimain.

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