Sobre los dones.

Aún con el pensamiento de separación fomentado por un mundo egoísta, existe una luz interna que se manifiesta y nos ayuda a actuar distinto: la voluntad para compartir.

En algunos de nosotros, el deseo de compartir es constante; para otros, depende de las circunstancias o de las personas con las que se trata. En esencia, tiene relación con la sensación profunda que resulta de colocar en el mundo “algo” que se siente como propio.

Diferentes corrientes espirituales consideran que “dar lo que tenemos” es algo que se aprecia y promueve por sus efectos positivos, tales como la sensación de bienestar, plenitud, alegría, etc., sin embargo, tiene más ver con los dones que aprendimos a reconocer en nosotros. De hecho, y aunque no lo parezca, la palabra “don” —en el sentido de regalo, gracia o cualidad— implica la acción de dar, como bien revela su etimología: “Del latín donum (ofrenda, regalo), con la misma raíz que el verbo donare (dar)”.

Luz en Movimiento de Unidad: LEMDU, propone un par de preguntas para identificar dones:

1. ¿Qué acciones de tu parte son las que te hacen feliz?
2. ¿Qué acciones de tu parte son las que mejor te son reconocidas y/o agradecidas, por parte de los demás.

Te invito a visualizar lo siguiente:

Imagina una orquesta sinfónica, de cámara, de jazz o cualquiera otra agrupación musical. Independientemente del número de integrantes o del estilo musical que interpreten, lo que todas ellas tienen en común es el uso de varios instrumentos para producir música; que cada músico conoce el funcionamiento de su instrumento, emplea tiempo de práctica y que su ejecución es guiada por una partitura o directriz acordada. En cuanto al resultado, la belleza de la interpretación puede variar, pues depende por completo de la integración armónica de cada uno de los diferentes instrumentos que son adecuadamente interpretados.

En esta analogía, los seres humanos son los músicos y los instrumentos sus dones. La partitura o directriz equivale al Amor: nuestra guía para el despertar. Lo mejor de ella, sin embargo, es que en este gran concierto, cada quien aporta su participación, única e irrepetible.

¿Sabes ya qué instrumento/don es el tuyo? ¿Te tomas el tiempo necesario para afinarlo? ¿Practicas tu ejecución? ¿Conoces y respetas la partitura/directriz? ¿Ensayas con tus compañeros?

LEMDU propone lo siguiente:

Pongamos en servicio nuestros dones con el propósito más alto de todos: nuestra reunificación voluntaria integral con el Padre/Madre/todo lo que Es.

Así es, así es, así es.

Gálata

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