La ceguera.

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¿Cuántas veces al día estamos en ceguera?

Tantas veces como haya algo que no podamos resolver y sigamos enfrentando la lección infinitamente; tantas veces cuantas no estemos siendo capaces de atacar el problema verdadero.

Pongamos un ejemplo:

Una mujer que se piensa abusada deja a su esposo abusivo y va con el jefe abusivo; deja al jefe abusivo y va con la hermana abusiva; deja a la hermana abusiva y se encuentra con otras personas abusivas. Al final del día, piensa para sí: “Todos abusan de mí”.

Ten cuidado si tú mismo te descubres diciéndolo, pues es posible que estés mirando la paja en el ojo ajeno, mas perdiendo la vista en la viga que tienes en el propio.

Lo que ello quiere decir es que solemos colocar el problema donde no está: en los efectos, mas no así en las causas. Ocurre que por cultivarla de esa manera, nuestra percepción es permeada por el uso egocéntrico que de ella hacemos, mucho a la manera de una semilla que germina y se va estructurando paso a paso, hasta convertirse en un árbol que da ciertas hojas, flores y/o frutos.

Date cuenta: casi todo el tiempo vivimos enfocando los efectos. Pongamos algunos ejemplos:

  • Me divorcio de ti porque no me comprendes.
  • Me despidieron del trabajo porque el jefe no me tiene buena voluntad.
  • No me queda la ropa.
  • Ingresé al hospital: me voy a morir.
  • Estoy en quiebra.
  • Mi hijo reprobó.

Cuando nuestra ceguera perceptiva nos lleva a enfocarnos selectivamente en los efectos, surgen preguntas del tipo: ¿A qué hora pasó? ¿En qué momento sucedió?

Los grandes maestros nos indican que debemos ir más allá de nuestra percepción egocéntrica de los problemas, pues nos conduce al pensamiento de separación, que es precisamente el que nos genera juicios y culpas. La tarea, en consecuencia, consiste en notar conscientemente la Causa egocéntrica, para comenzar a ser la Causa que resuelve. Para ello, se requiere de un “Hacer de solución“: Hacer desde nuestra conciencia unificada para mover al mundo: Para que el mundo no nos mueva más.

Cuatro acciones resultan fundamentales:

  • Realizar cada acción con propósito alto.
  • Efectuar un cambio de pensamiento, a modo de identificarnos con la Luz y extendernos desde ella.
  • Reconocernos como la manifestación amorosa de Dios en su aspecto de Padre/Madre: Como el Hijo unigénito que si bien por voluntad propia eligió pensarse separado de su fuente, aprende a corregir su equívoco.
  • Solicitar la guía de los seres de luz que nos acompañan: Ángeles, Arcángeles, Maestros Ascendidos, seres de unificación, el Espíritu Santo y por supuesto, el Padre/Madre mismo… todos como Uno.

La invitación es a actuar desde la luz del Amor; ya no más a ciegas, a sabiendas de que “Todo es Uno y sólo el Amor es Real”.

Mark.

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