La certeza.

Sobre la faz de la Tierra, a nadie sorprende que ocasionalmente vivamos situaciones caóticas derivadas de alguna enfermedad; problema familiar; aprietos monetarios; desamor; el fallecimiento de un ser querido y por muchas causas más, como tampoco extraña que a la mayoría de las personas nos resulte fácil señalar responsables, victimizarnos y/o culparnos. Interpretarlas como castigos dictaminados por el Ser Supremo para corregir nuestro proceder en el mundo es, asimismo, de lo más común. Mas cuando nuestra certeza personal certifica que la esencia de Dios es amorosa, libre de juicio o castigo, obtener un aprendizaje luminoso que induzca a nuestro ser hacia un estado de conciencia unificada es del todo deseable.

Mediante canalizaciones, los maestros de la conciencia unificada recomiendan soltar los apegos y el deseo de mantener el control, pues son causa de sufrimiento, para, en cambio, ir felices por la vida. La pregunta que formulan es demoledora: “¿Qué prefieres, tener razón o ser feliz?”

“El tiempo es ahora” y “Todo es perfecto”, son las consignas. Para el alma escéptica, pueden parecer ingenuas, si bien los grandes maestros de la humanidad aseguran que en lo que a la tarea de ser feliz en esta vida de dualidades perceptibles corresponde, basta con llevar a cabo un cambio de pensamiento que equivalga a pasar de la separación aparente hacia la unificación de la conciencia de ser. Desde esta perspectiva, se trata no ya de enjuiciar al otro ni de victimizarse, culpar o de privilegiar nuestra atención hacia los problemas, sino de evidenciar la solución universal, invariablemente adoptada por quienes no permiten que el mundo aparente proyectado por el pensamiento de separación detenga sus pasos.

Claro queda: El propósito debe ser alto. Y es que, a mayor claridad, mayor la certeza de que, desde la esencia, todo es perfecto.

Para los grandes maestros, se trata de ir más allá de la mera solución de los problemas causados por nuestro pensamiento en separación a modo de reconocer que, en esencia, todo es Uno y que sólo el Amor es Real.

He ahi la gran tarea: identificarnos con la luz; extendernos desde ella; reconocernos como la manifestación amorosa de Dios en su aspecto de Padre/Madre: como el Hijo unigénito que por voluntad propia eligió pensarse separado de su fuente, pero que aprende a corregir su equívoco.

Recuerda que no estás solo… ¡nadie lo está! Infinidad de seres luminosos acompañan tu paso: Ángeles, Arcángeles, Maestros Ascendidos, seres de unificación, el Espíritu Santo y por supuesto, el Padre/Madre mismo… todos como uno.

Solicítales guía y ayuda para que las situaciones caóticas se ordenen de la mejor manera posible: La más amorosa y para el bien de todos, sin juicios ni culpas de por medio.

Como dice mi Sensei: “Para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo”. Lo cierto es que conviene ir “flojitos y cooperando”.

Cierro con esta frase que me gustó:

“Gracias Padre, en ti confío y refuerzo mi certeza. No me preocupo. Tú me das seguridad. Me siento a salvo porque sé que tú te ocupas de mí. Cualquier cosa que suceda, yo la acepto. Es mi elección aprender de toda circunstancia.”

Todo lo que en Amor es, perfecto es.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Mar Sánchez dice:

    Disculpa que son los seres de unificación?

    Me gusta

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